En vista de que las agendas no cuadraban. Vale, está bien, mi agenda no cuadraba. El padre de los bombones decidió que se cortarían el pelo por turnos puesto que no somos tan temerarios como para que un solo progenitor lleve a los dos a la vez a determinados sitios.
Ayer por la tarde le tocó a M.
El resultado de la visita a la peluquería... no sé cómo describirlo.
El bombón está guapo. Tiene cara de chico y no de bebé, pero está guapo. Le ví algún trasquilón que otro, pero apenas se notan. Eso sí, al peluquero le costó un triunfo hacer su trabajo y sólo logró adecentar la melena de mi hijo cortándole el pelo por tramos y a ratos porque como yo ya me imaginé, M no estuvo quieto más de un minuto seguido a pesar del despliegue de cuentos, juguetes y galletas que pusieron a su disposición.
El padre de los bombones dice que el pobre hombre sudó la gota gorda y que, cuando se le ocurrió decirle que M tiene un hermano mellizo al que también habría que cortarle las greñas, el peluquero puso cara de susto.
Así que, ahora tenemos un niño con el pelo arreglado, otro con greñas a lo Noel Gallagher y un nuevo establecimiento en el barrio dónde los bombones serán famosos y/o vetados hasta la mayoría de edad.
Lo bueno es que anoche su padre pudo distinguirlos sin problemas, jeje.
Lo bueno es que anoche su padre pudo distinguirlos sin problemas, jeje.