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martes, 3 de enero de 2012

Corte de pelo

En vista de que las agendas no cuadraban. Vale, está bien, mi agenda no cuadraba. El padre de los bombones decidió que se cortarían el pelo por turnos puesto que no somos tan temerarios como para que un solo progenitor lleve a los dos a la vez a determinados sitios.

Ayer por la tarde le tocó a M.

El resultado de la visita a la peluquería... no sé cómo describirlo.

El bombón está guapo. Tiene cara de chico y no de bebé, pero está guapo. Le ví algún trasquilón que otro, pero apenas se notan. Eso sí, al peluquero le costó un triunfo hacer su trabajo y sólo logró adecentar la melena de mi hijo cortándole el pelo por tramos y a ratos porque como yo ya me imaginé, M no estuvo quieto más de un minuto seguido a pesar del despliegue de cuentos, juguetes y galletas que pusieron a su disposición.

El padre de los bombones dice que el pobre hombre sudó la gota gorda y que, cuando se le ocurrió decirle que M tiene un hermano mellizo al que también habría que cortarle las greñas, el peluquero puso cara de susto.

Así que, ahora tenemos un niño con el pelo arreglado, otro con greñas a lo Noel Gallagher y un nuevo establecimiento en el barrio dónde los bombones serán famosos y/o vetados hasta la mayoría de edad.
Lo bueno es que anoche su padre pudo distinguirlos sin problemas, jeje.

lunes, 2 de enero de 2012

Y yo con estos pelos

Tenemos que cortarles el pelo a los bombones. Mejor dicho, tenemos que igualarles las greñas porque ahora su pelo va de por libre y peinarles nos cuesta un rato. Además, el bombón M tiene dos coronillas con sus respectivos remolinos, así que podéis imaginar el cuadro que se organiza por la mañana para domar su pelo.

El problema es que no tenemos tiempo para llevarles al peluquero. Y cortarles el pelo nosotros está descartado desde el desafortunado incidente de papá y la maquinilla eléctrica del verano del 2010… pobres, parecían dos frailes y encima las abuelas nos avisaron de su firme intención de contarles la “putada” que les habíamos hecho cuando fueran mayores. Ahí, ayudando.

Como decía, tenemos que igualarles las greñas, y a mí me están entrando sudores fríos sólo de pensarlo, porque eso requiere que se estén quietos cinco minutos, y cualquiera que conozca a mis hijos, sabe que eso si que es misión imposible.

Así que estamos intentando encontrar algún hueco en nuestra agenda para encomendarnos a todos los santos y que la operación corte de pelo sea satisfactoria, pero no está resultando tarea fácil.

Podríamos dejarles el pelo tal como está, pero nos enfrentaríamos a dos problemas: uno, que el flequillo les cause una ceguera temporal que se salde con varios golpes contra los muebles y dos, como tenga que oír una vez más a mi madre decir: “A ver si les cortáis el pelo”, juro que gritaré y mucho. Y eso iría contra mi propósito de año nuevo número 2.

Prometo contar aquí la visita a la peluquería cuando se produzca porque mucho me temo que será otro lugar en el que mis hijos se harán “famosos”.