Mostrando entradas con la etiqueta salud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta salud. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de noviembre de 2012

Abonados a los virus



Veces que hemos ido a urgencias con los bombones desde Mayo de 2010 a Octubre 2012: 1 vez y porque fuimos unos Mari-angustias.

Veces que hemos ido a urgencias desde Octubre de 2012 hasta hoy: 2 veces.

Cómo ya conté en mi penúltima entrada. Tuve que llevar a M a urgencias por un exantema súbito que nos dio un susto del copón.

Después de aquello, el virus de la gastroenteritis que planeaba por el orfanato de día les pilló de pleno el pasado fin de semana y además afectó al padre de los bombones. Mis tres chicos malos y yo batiendo el récord de lavadoras puestas en 48 horas.  Parecía que se había solventado y la semana pasada tuvimos calma… hasta que llegó el puente de todos los santos.

El bombón I se despertó el jueves llorando y diciendo “pupa oreja mamá” y nada le calmaba. Después de una hora en la que no dejaba de llorar y protestar su padre le llevó a urgencias a la una de la mañana: otitis media aguda en el oído derecho.

El viernes pasó más o menos bien, incluso pudieron salir a la calle con papá y el padrino de I, pero el sábado el bombón M volvió a encontrarse con la gastroenteritis de la semana pasada y yo he perdido la cuenta de cuántas lavadoras he puesto. Sólo os diré que entre los dos tienen 10 pijamas y que todos han pasado por la lavadora este puente.

A eso sumamos dos días de lluvia en los que no hemos podido salir de casa con ellos y el resultado es agotamiento extremo de los padres de los bombones y desquiciamiento a dúo de mis hijos, con herida debajo del ojo del bombón M incluida.

Prometo escribir las entradas que tengo pendientes en cuanto nos recuperemos pero hoy no, hoy necesito descansar porque el día ha comenzado en modo gymkhana on y estoy rota.

lunes, 22 de octubre de 2012

Un susto



El jueves, cuando fui a recoger a los bombones al orfanato de día, me encontré a M sólo con el pañal, tirado en su colchoneta, leyendo un cuento. 38.7 de fiebre tenía la criatura así que me tocó activar el código rojo para emergencias familiares y tirar de la abuela para que se quedara con él el viernes por la mañana.

El viernes por la tarde el niño ya no tenía fiebre y estaba como una rosa y el sábado igual, hasta que al cambiarle el pañal por la tarde, su padre volvió a dar la voz de alarma porque la criatura estaba llena de manchas rosas.

Aunque los que me conocen saben que soy más bien pachorrona con esto de las enfermedades infantiles, no pude evitar asustarme, la palabra “sarampión” se alojó en mi mente y me puse nerviosa.

Decidí llevarle a urgencias y con las prisas, salí con lo puesto, ni pañales, ni agua, ni toallita… ale, a la aventura, a la aventura y rezando para que Murphy se apiadara de mí y el niño no se cagara.

Durante la hora que permanecimos en la sala de espera, al bombón le dio tiempo a descolocar y volver a colocar el carro de cuentos, a hacerse los 100 metros lisos modalidad pasillo de hospital, a apretar todos los botones de las máquinas expendedoras y a vacilarme de mala manera haciéndome sacar unas quinientas veces de mi bolso la botella de agua que compre.

Cuando pasamos a consulta… digamos que era como la niña del exorcista en versión bombón. La enfermera entre risas me dijo que le daba hasta miedo acercarse. Luego se tranquilizó y pudieron entrar a atenderle. Por cierto, un 10 tanto a la enfermera como a la doctora que fueron un encanto. Del otro enfermero mejor no opino que con el ladrido que le metí ya fue servido. Casi media hora estuvieron explorándole

Al final, ni sarampión ni nada. Exantema súbito totalmente inofensivo pero que de primeras acojona al más pintado y el niño encantado de la vida porque cuando salimos de allí, montamos en autobús para volver a casa.

Prueba de que el niño estaba más tranquilo que yo:

miércoles, 11 de julio de 2012

Anginas

El bombón M ha estado malito. Comenzó el viernes con fiebre bastante alta y ha continuado así hasta ayer. La pediatra nos ha dicho que son anginas con placas y que tiene que tomar antibiótico diez días.

El problema es que mis hijos no toman medicamentos. No es que seamos unos locos naturistas que piensen que son veneno, o que estemos en contra de la industria farmacéutica, que una cosa es que no abusemos de ellos y otra que seamos tan inconscientes. No van por ahí los tiros.

Son los bombones quienes se niegan a ingerir cualquier tipo de medicamento y se han convertido en unos expertos en escupirlo y vomitarlo. Vamos, que sale de su boca más rápido de lo que entra.

Hemos probado muchas cosas: camuflar la medicina en el biberón de leche echando cacao en polvo a discreción, mezclarlo con yogur, con zumo de naranja, con agua con azúcar… no sirve, las papilas gustativas de mis hijos son extremadamente sensibles y a los dos segundos devuelven el mejunje dejando muy claro que no piensan tomárselo.

Hemos intentado no disfrazarlo, entonces, además de gastar medio frasco porque sacan una fuerza que ríete tú de Sansón y menos en su boca, el medicamento acaba en cualquier sitio, tenemos rabieta de cincuenta minutos.

Para bajarle la fiebre hemos terminado recurriendo a los supositorios, pero para el antibiótico no hay esa solución: o lo toma oral o se lo inyectan. Y ya no sabemos qué hacer para poder dárselo.

En fin, que hoy ando un poco desmotivada y ya sólo nos queda probar el truco de jugar antes a darle la medicina a sus muñecos, a ver si cuela…

viernes, 27 de enero de 2012

Voy subsistiendo

No, no me he olvidado de que tengo un blog. Ni han dejado de pasar cosas en casa de los bombones.

Simplemente es que los virus han decidido montar su sede central en nuestra casa y como suele ser habitual, un resfriado que en mis hijos dura tres días, a mí me dura siete. Si tenemos en cuenta que cada uno de los bombones me ha traspasado sus propios virus y mocos, pues calculo que estaré unas dos semanas sobreviviendo como pueda… lo positivo es que ya llevo una semana enferma, sólo me quedan otros siete días, pero con un examen de por medio. Y rezo todo lo que sé porque el padre tenía hoy ojitos “sospechosos” y como él también caiga habrá que declarar nuestro hogar zona cero.

En fin, que prometo regresar, pero dentro de unos días.

miércoles, 18 de enero de 2012

Jo, ¡qué noche!

No, no voy a hablar de la película de los ochenta que se llama igual. Voy a hablar de la noche de ayer en casa bombones.

I comenzó el domingo con los ojitos mal, el lunes se le pusieron peor y ayer a la pediatra. Que es por el atasco de mocos que tiene, que le echemos colirio, mucho suero y liquidos y que no le llevemos al cole hasta que esté bien porque es contagioso. Ese es el parte que me dió su padre.

Voy a buscar a M al cole y le veo los ojos regular. Me voy al trabajo encomendándome a todos los santos. Cuando he llegado de currar los tenía peor que su hermano, estupendo, fraternidad melliza hasta en esto.

Si ya os conté que echarles el suero es una lucha, lo del colirio ya ha sido inenarrable, lo del suero es un plácido momento en comparación con el colirio. Gritos, lloros, uno de ellos parecía que se privaba, patadas, el otro golpeándonos para que dejásemos a su hermano, niños que yo no sabía que tenían párpados de acero que no se abren ni a la de tres…

Llega la cena, M decide que no le sale del pañal comerse la crema de calabaza. Gritos, berridos, "NOOOOO, NOOOOOO", I comiendo la suya mirándole alucinado. Su padre que pierde los nervios, yo que le digo que está malito que no le fuerce, el padre que dice que al menos la pruebe antes de decir no, le mete una cucharada, el niño la escupe, el padre se levanta cabreado mascullando algo sobre las bondades de la esterilidad.

Segundo plato de la cena: jamón cocido, I decide que es autosuficiente y que come solo, vale, venga come tu solo, jamón lanzado hacía la tele, le quito el tenedor me da un manotazo y comienzan los dos a reirse a carcajadas. Les digo muy seria que no se pega, M hace pucheros y lanza el chupete al suelo, I intenta volver a darme un manotazo....

Entre medias pongo dos lavadoras porque ayer se nos rompió la lavadora, (se ha arreglado sola gracia a Dios), y la ropa ya desborda el cesto. No hace falta explicaros lo necesaria que es una lavadora en una casa con dos bebés que salen a cambio de ropa diario.

Terminan de cenar, M cae rendido, I comienza a tocar a su hermano para que se despierte. Su padre le regaña, I que llora, me pongo a mecerle, quiere que le de la mano, se la doy, tira el chupete, lo vuelve a coger, por fín se duerme.

Me ducho, descongelo la comida de mañana, cambio de menú porque los bombones comerán en casa, tiendo las dos coladas mientras mi chico hace la cena, cenamos, me siento a estudiar, no hay luz, se fundió la bombilla y al padre de los bombones se ha olvidado de ir a comprarla... tengo examen en 14 días y voy como geisha por el arrozal.... Me empiezan a picar los ojos no sé si es stress, sugestión o que mis hijos me lo han pegado. A las 12 me voy a la cama, llevo 20 minutos leyendo el mismo párrafo y me estoy enterando tanto como si me estuvieran dando una clase de astrofísica en japonés.

A los 5 minutos se despierta M, (¿os he dicho alguna vez que Murphy es un cabrón?). Está sentado en la cuna con los ojos cerrados, me lo llevo a mi cama, tres patadas y un masaje tailandés después, su padre se lo lleva al salón, el niño de repente se despierta del todo y grita “ABAAA”, que en bombonil significa “dame lo que sea que me muero de hambre”, le hago un biberón, según lo ve, se lanza en picado a por él, se lo toma, parece que vuelve a dormirse, falsa alarma… me voy a la cama, a los 10 minutos el otro, ah vale, sólo quiere el chupete, a los 20 minutos otra vez I, que se le ha colado la pierna entre los barrotes de la cuna y no puede girarse, le saco, le tapo, me voy a la cama.

A las 3:30 noto como mi chico apaga la luz del salón y se viene a la cama, por fin ha logrado dormir a M. A las 7 suena el despertador, los tres duermen y yo me he levantado como si me hubieran dado una paliza.

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGGGGGGGGG Qué bonito es ser mamá algunas noches.

martes, 3 de enero de 2012

El suero

Llega un momento en la vida de todo padre, en la que se tiene que recurrir al suero fisiológico. A nosotros también nos ha tocado.

Al principio, aunque resultaba agotador, lográbamos nuestro objetivo y la operación suero se saldaba con una victoria para nosotros.

Desde que los bombones andan, corren y empiezan a tener conocimiento del medio, las fuerzas se han igualado y en el combate padres vs’ bombones, no siempre salimos vencedores. Y sí, la teoría nos la sabemos, pero la práctica es más complicada.

La cosa funciona así:

Cojo al bombón que tengo más a mano y me le llevo a ponerle un pañal limpio antes de cenar y dormir. Entonces miro la nariz y veo atasco de mocos. Llamo a su padre pidiendo refuerzos.

Según aparece papá, el bombón, que es pequeño pero no imbécil, ya se huele que va a pasar algo chungo y comienza a protestar. Las protestas pasan a gritos en cuanto ve la gasa y la jeringa y se transforman en llantos y patadas según le sujeto las manos mientras papá intenta, y no siempre con éxito, echarle el suero en su naricita respingona.

Una vez logrado nuestro objetivo o una vez admitida la derrota, (ya os he dicho que no siempre ganamos nosotros), toca repetir la jugada con el otro bombón. Solemos darnos por vencidos la tercera vez que el suero acaba en la mejilla o en el ojo del niño.

El otro bombón, cuando sospecha que es su turno, sale por patas, derechito a esconderse dónde pueda mientras piensa: “Le vas a tocar las narices a la abuela, es decir, a tu madre”
Por desgracia para él, papá y mamá siempre le encuentran, (ya ves tú, en 45 metros cuadrados no hay muchos sitios dónde buscar), y entre patadas al aire y gritos de “NOOOOOO, NOOOOOO”, sus horribles padres le llevan al cambiador para proceder a limpiarle la nariz con suero, operación en la que se reproducen los mismos patrones que he mencionado antes: protestas, lloros, patadas, gritos….

Cosas curiosas de este procedimiento:

  • Todas las noches me pregunto si he parido dos niños o dos ninjas.
  • Hemos descubierto que existe la solidaridad melliza: mientras le echas suero al primero, el otro te está golpeando las piernas y regañando para que dejes en paz a su hermano.
  • Son unos rencorosos: si en el primer asalto hemos ganado los padres, el primer bombón se olvida de la solidaridad y se limita a observarnos mientras se ríe o a jugar en el pasillo, dejando al otro abandonado a su suerte. “Se siente macho, haberme defendido en condiciones”.
  • Olvídate de recibir ni un solo beso hasta el día siguiente, como mucho te sonreirán al cabo de un rato y porque llevas su cena en las manos.
  • Papá está cogiendo un pulso y una destreza que podría ganarse la vida como lanzador de cuchillos.
  • Tengo agujetas y moratones en el pecho de tanta patada.
  • Me sigue asombrando la capacidad pulmonar y el volumen de decibelios que demuestran mis hijos.
  • La vecina cotilla de al lado nos mira con mala cara por las mañanas y debe pensarse que por las noches les torturamos.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Baile de camas

Este fin de semana, y para darnos una auténtica “Noche Buena”, el bombón M ha estado con fiebre.
Lleva desde el sábado por la noche oscilando entre los 38 y 39 grados, (aunque hoy ha amanecido con 36,1 y su padre ya me ha informado de que ha tenido que castigarlos dos veces a cada uno por pegarse, luego ha vuelto a tener 38,4 de fiebre).

Eso nos ha llevado a tener dos noches ajetreadas porque el bombón I, aunque no tiene fiebre, no ha querido perderse la ocasión de sumarse a la fiesta.

La madrugada del sábado al domingo, llegamos a casa a la 1, les acostamos en su cuna porque se habían dormido en el coche. Al rato me acosté, dejando a mi chico viendo una película.

A las 4:45, su padre me trajo a M a la cama, le pusimos el termómetro y tenía 39,1 de fiebre. Un buen chute de Dalsy y padre e hijo se quedaron dormidos en la cama. Así que me fui al salón a seguir durmiendo.

A las 5:15, mi hijo I se despertó, me lo llevé al salón conmigo y logré que se volviera a dormir, pero sólo lo conseguí cuando le dejé tumbarse sobre un cojín en la alfombra. Así que tuve que poner la calefacción y dormir con un ojo semi-abierto para comprobar que no se destapaba. Menos mal que a estas alturas una ya es capaz de dormir en las posturas y lugares más insospechados.

Y así amanecimos todos a las 10:20.

La noche del domingo al lunes no ha sido mejor. M ha seguido con fiebre y sólo ha consentido dormir en brazos o en el sofá y hasta las 3 de la mañana no ha logrado su padre que se quedase dormido en la cuna.

Pero a las 6, I, le ha cogido gusto al tema este de andar en danza, y me lo he traído a nuestra cama dónde él y su padre han dormido a pierna suelta hasta las 8, pero yo me he desvelado y llevo desde las 6:30 en pie.

Así que esta noche, como otras muchas en nuestra casa, hemos jugado al baile de camas.