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jueves, 13 de diciembre de 2012

Queridos Reyes Magos



A sus Majestades de Oriente, (o de Huelva):

En vista de los acontecimientos acaecidos el año pasado y con el fin de no tener que recibir quejas ni miradas de odio de los vecinos de abajo, y por supuesto para evitar que el padre de los bombones y yo tengamos ganas de estrangular a alguien, os informamos de las decisiones adoptadas en Villa Bombones por los dos únicos habitantes de dicha villa que saben decir correctamente la palabra juguetes:

1.- Queda terminantemente prohibido dejar en esta casa cualquier juguete musical, instrumento musical o juguetes que emitan  musiquitas estridentes y cansinas.

2.-  Los útiles de pintura sólo se admitirán si vienen acompañados de una asistenta que limpie los desastres que pueda ocasionar su uso.

3.- Os recordamos que nuestra casa mide 45 metros cuadrados de los cuales 25 ya son de uso exclusivo de los bombones, nos gustaría poder conservar el resto del espacio útil para nosotros, así que cuidadito con el tamaño de los regalos.

4.- Si recibís la carta de nuestras familias y veis que sus peticiones no cumplen nuestros requisitos, estáis autorizados a traspapelarlas.

5.- Los juguetes, a poder ser, de gomaespuma. Si no puede ser, que vengan acompañados de varios frascos de san ARNIDOL para curar los chichones que el lanzamiento de juguetes con efecto ocasione.

6.-  Si se os ocurre que un juego de plastelina es una buena idea, creedme, a no ser que la plastelina sea comestible NO es buena idea.


Si cumplís estos requisitos mínimos, os prometemos que os dejaremos un plato con jamón del bueno y un trozo generoso de roscón.

Un beso y nos vemos el 5 de Enero.

P.D.- Si veis a vuestro colega, el gordito de rojo, podéis pasadle copia de esta carta para que esté sobre aviso.

jueves, 23 de febrero de 2012

Alucinada


Los bombones a veces se pegan. Pocas veces, ganan los abrazos y besos a las bofetadas. Pero de vez en cuando se cascan y a conciencia.

Es lo único en lo nos ponemos realmente severos. No lo consentimos.

Cuando uno pega, su padre o yo, solemos llevarle al rincón del aburrimiento, (nombre que me sugirió una gran persona). Y nos quedamos allí dos minutos con él, explicándole que no se pega, que si pega no puede jugar.

El otro día, me tomé la tarde libre por un dolor de estómago horrible y mientras yo estaba en el sofá tumbada, ellos jugaban en la alfombra tranquilamente. Hasta que los dos decidieron que querían el mismo coche, (tienen 20 coches, pero da igual, los dos querían justo ese), después de forcejear un poco, I le metió un guantazo a su hermano. Desde el sofá, le dije que no se pegaba y comencé a incorporarme para llevarle al rincón.

Anonadada me quedé cuando vi que M cogía de la mano a su hermano, le llevaba al rincón y se quedaba con él “regañándole” en bombonil.

miércoles, 11 de enero de 2012

Estoy contenta

Ayer llegué a casa dos horas antes de lo habitual, así que pude hacer en martes lo que suelo hacer los fines de semana: jugar con los bombones.

Me senté en el suelo y M vino corriendo con un cuento, se sentó en mis piernas y nos pusimos a mirarlo. I también vino, pero se limitó a tirarse en plancha y a hacerme cosquillas en el cuello.

Luego hicimos puzzles: yo lo desmontaba, ellos se quedaban todas las piezas y luego me las iban dando de una en una para que yo lo volviera a montar y me aplaudían cuando terminábamos. Son mi mejor público.

También jugamos a hacer el borrico, yo me tumbaba y ellos se lanzaban al más puro estilo pressing catch, (soy de la generación que creció en los 80 y 90 y nunca podré llamarlo wretsling). O escalaban la mesa y de ahí se tiraban en plancha al sofá, o ponían en práctica otras burrerías enseñadas por su padre pero sin dejar de reírse a carcajadas.

Hubo un pequeño conflicto cuando se volcó la pizarra e intentaron coger una de las patas para pegar con ella en la mesa, pero todo pasó cuando oyeron los Cantajuego y se pusieron a bailar en mitad del salón.

Puede parecer una tontería, pero cuando me paso las semanas trabajando y estresada, llegando tarde a casa y sintiendo que me faltan horas, pasarme una tarde entera jugando con mis hijos es una gozada y ayer pude disfrutarlos al 200%, como a mí me gusta.