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viernes, 13 de enero de 2012

Algo que quiero contar

Llevo años leyendo webs y blogs y participando en foros, en algunos ya apenas entro, en uno cada día estoy más cómoda, a otros sólo entro a leer y puntualmente opino… Internet, y sobre todo los foros me ayudan, conozco y charlo con personas que viven las mismas cosas que yo, intercambio opiniones, leo, aprendo, comparto experiencias, a veces me río mucho, he hecho amigas… Pero no siempre es así, y a veces me siento sumamente incómoda cuando leo algunas cosas que me dejan anonadada.

Como considero que tengo las ideas muy claras en determinados aspectos, leer adoctrinamientos y radicalismos no me altera. Me provocan simplemente una sonrisa irónica con alzamiento de ceja incluido, y me ayudan a ratificarme en mis opiniones. Es igual que cuando recibo un consejo no pedido, me limito a escucharlo y a hacer lo que me parece bien a mí.

Cuando leo cosas con las que no estoy de acuerdo, suelo callarme. Veo a la otra persona tan convencida de que posee la verdad absoluta que me da una pereza terrible entrar en un debate que va a terminar convertido en bucle, a mí me encantan los grises y no comprendo las posturas de aquellos que piensan que todo es o blanco o negro.

Si cuento todo esto es porque hoy necesito desahogarme un poquito.

Llevo meses leyendo que una cesárea no es parir, he leído a mujeres que al contar la cesárea de alguna conocida escriben “a su hijo se lo parieron”, y me cuesta volver a encajarme la mandíbula después de semejante frase lapidatoria.

Los bombones nacieron por cesárea. Cesárea de urgencia porque cuando ya estaba en el paritorio dilatando uno de los monitores indicaba fallo en el latido de uno de ellos y mi ginecólogo me dijo que tenía que ser cesárea porque el bebé no resistiría un parto vaginal. Cuando acabó todo el médico nos contó que I venía con doble vuelta de cordón y que por eso la urgencia.

No voy a entrar a debatir si cesárea sí o cesárea no, porque creo que es obvio que si puedes evitar esa intervención, es mejor un parto. Peeeeeero, yo sí he parido a mis hijos. Siento que les he parido. Yo soy quién llevará una cicatriz de por vida que me recordará que estuve en un paritorio y en un quirófano y que traje al mundo a dos preciosidades que me enamoraron desde el primer minuto. Yo fui quién les llevé dentro durante 39 semanas y 3 días, fui quién experimentó pataditas, ardores y náuseas, quién se cuidó durante el embarazo, quién hizo reposo absoluto durante 8 semanas para que no nacieran antes de tiempo. Yo me pinchaba cada semana inyecciones para ayudar a la maduración de sus pulmones. 

Yo soy su madre y los he parido, el cómo, no tiene importancia. Los he parido, nacieron sanos y son mi vida.

Y eso es lo único que me importa.

P.D.- La foto es mi barrigota de embarazada, 5 días antes de conocer a mis hijos.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Elegir el nombre y conocer el sexo

Teníamos la ecografía por la mañana y hasta la noche anterior no terminamos de decidir los posibles nombres. Los que a mí me gustaban al padre le horrorizaban y los que le gustaban a su padre me parecían horribles a mí. Así que, nos faltaba un nombre para tener cubiertas las tres posibles combinaciones:

2 niños: I y X

2 niñas: B y C

1 niño y 1 niña: I y C

La decisión final para despejar la incógnita de la ecuación, (para los de letras puras, la incógnita es la X),  fue algo así como:

Yo: "Cariño, mañana es la eco y no tenemos aún decidido el nombre que falta"

Él: "Mmmmm, ¿qué te parece M?"

Yo, (sorprendida de que por primera vez en 4 meses no se me hubieran puesto los pelos de punta con sus propuestas): "Pues M está bien, me gusta".

Listo. 4 meses de eternas charlas en las que incluso llegamos a desvariar y a hacer combinaciones crueles tales como Canuto y María, Blanca y Rosa, Zipi y Zape, Epi y Blas y al final en dos minutos y viendo la tele, teníamos elegido el nombre.

Al día siguiente, la ecografía:

Una doctora más seca que la mojama fue la encargada de hacerla.

Dra. House: "Pues todo está bien. Ya sabéis el sexo, ¿verdad?"

Yo: "No"

Dra. House: "Querréis saberlo claro"

Él: "Pues sí"

[Estuve tentada de soltarle a la Dra. House alguna lindeza para corresponder a su simpatía, pero me contuve, no sé cómo, pero me contuve].

Dra. House: "Pues a ver, el primer bebé es un niño"

[La sonrisa de mi chico iluminó la sala]

Dra. House: "El segundo bebé no se deja ver bien, a ver. Vale sí, otro niño."

[El padre ya daba palmas directamente, loco de contento, mientras la Dra. House se marchaba sin apenas despedirse y yo me debatía entre la alegría por saber que eran niños y estaban sanos y la semi-tontería-pena pasajera de que no iba a tener uno de cada.]

Y así fue como supimos que venían dos chicos y pudimos salir del Sanatorio sabiendo que I y M ya eran un poquito más reales.

Sorpresas te da la vida

Recuerdo perfectamente cuando decidimos que queríamos ser padres. Fue en nuestro cuarto aniversario. Ese día los astros se alinearon, los dos teníamos la tarde libre y nos fuimos a comer por ahí. Y en la comida, mi chico me hizo la gran pregunta: "¿Cuando vamos a tener un hijo?". Yo llevaba tiempo con la idea de la maternidad rondándome y cuando le ví a él dispuesto, supe que era el momento.

La verdad es que algo nerviosos si estábamos, sabíamos que nuestra vida iba a cambiar en el momento en que pásaramos a ser tres, pero no nos dió mucho tiempo a asimilarlo porque me quedé al primer intento. Yo contaba con tardar meses e irme preparando en la medida de lo posible, pero mi fertilidad decidió por mí.

Recuerdo ese viernes, cuando a las seis de la mañana y con sólo tres días de retraso, (yo que hasta la fecha era famosa por mi puntualidad cuasi suiza en estos temas), el test de embarazo me informó de que estaba esperando un hijo, recuerdo pasarme el día como si estuviera levitando, mil pensamientos venían a mi mente y tenía una sonrisa bobalicona, que pronto se transformó en naúseas matutinas. No todo iba a ser happy happy claro.
 A los pocos días, cuando ya habíamos casi asimilado que nuestro bebé venía en camino, fui a la ginecóloga y ella, muy profesional y después de una ecografía, me dió la gran noticia, no venía un bebé, ¡venían dos!

Y ahí comenzó nuestra aventura, íbamos a pasar de ser una pareja a ser una familia de cuatro.